El consumo de refresco a diario se ha normalizado en muchas dietas, pero sus efectos en el organismo pueden ser perjudiciales con el paso del tiempo. Estas bebidas contienen altas cantidades de azúcar, aditivos y, en algunos casos, cafeína, que afectan diversos sistemas del cuerpo.
Uno de los principales daños de tomar refresco todos los días es el aumento del riesgo de sobrepeso y obesidad. Una sola lata puede aportar más azúcar de la recomendada al día, lo que favorece la acumulación de grasa y dificulta el control del peso corporal.
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El exceso de azúcares añadidos también impacta la salud metabólica, elevando los niveles de glucosa en sangre y aumentando la probabilidad de desarrollar diabetes tipo 2 y resistencia a la insulina, incluso en personas jóvenes.
Otro efecto negativo es el daño a la salud dental. Los ácidos y azúcares presentes en el refresco contribuyen a la erosión del esmalte, la aparición de caries y otros problemas bucales que pueden agravarse con el consumo frecuente.
Además, tomar refresco de manera habitual se ha asociado con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares, ya que puede elevar los niveles de triglicéridos y colesterol, afectando la función del corazón y las arterias.
Especialistas en salud y ciencia recomiendan reducir o eliminar el consumo diario de refresco y optar por agua natural, infusiones sin azúcar o bebidas naturales. Este cambio sencillo puede mejorar la energía, la apariencia física y la salud a largo plazo.
