Por. – Benjamín Bojórquez Olea.
Paola Garate: si no estás en la mesa, ¿estás en el menú?
En política, cuando alguien lanza una bomba y nadie corre, no es porque no haya explotado, sino porque todos ya estaban heridos. El caso de la diputada Paola Iveth Gárate Valenzuela no es un escándalo aislado ni una travesura juvenil disfrazada de rebeldía. Es un síntoma clínico. Un reflejo incómodo del estado real delPRI sinaloense: un partido atrapado entre el miedo a morir y la incapacidad de reinventarse.
Paola no es el problema. Tampoco es la solución. Es la fiebre que delata la infección. Su conducta —incómoda, ruidosa, a veces errática— desnuda algo mucho más profundo: la descomposición interna de un partido donde ya no se discuten ideas, sino cuotas; donde no se construyen proyectos, sino trincheras personales.
Que desde el PAN se “invite” a Paola Gárate a ser parte del menú no es cortesía, es cálculo. Nadie tiende la mano sin antes oler la sangre. Esa invitación no busca sumar talento, busca exhibir fracturas. Y lo logra. Porque si el PRI estuviera sólido, esa provocación habría pasado de largo. Pero no fue así. Hubo silencio, incomodidad, miradas esquivas. El silencio —otra vez— dijo más que cualquier comunicado.
Ahora bien, Paola ha sabido vestir la rebeldía como bandera. Pero la rebeldía sin rumbo es apenas una forma elegante del oportunismo. Aun así, cerrarle la puerta de una tertulia selectiva por parte de la secretaria general del PRI, Liliana Cárdenas Valenzuela, no fue un acto de autoridad: fue un gesto torpe, arrogante y profundamente revelador. En política, excluir sin medir consecuencias es dispararse al pie… y luego culpar al arma.
Liliana Cárdenas encarna otro de los males crónicos del tricolor: la egolatría institucionalizada. El culto a la figura propia por encima del partido. Su estilo —según coinciden diversos actores priistas— es pesado, autorreferencial, agotador. Ambición sin empatía. Ego sin escucha. Y así, no hay estructura que aguante. No es casual que en Salvador Alvarado su presencia sea más simbólica que real. No decide, no articula, no convoca. Aparece, pero no pesa. Y aun así, pretende legitimarse evocando padrinazgos, como si el PRI aún funcionara a base de bendiciones heredadas. David López Gutiérrez, Paloma Sánchez, viejas gratitudes recicladas como salvavidas. Pero las lealtades prestadas no sostienen proyectos propios, sólo los postergan.
El episodio del “secuestro” de las oficinas del PRI no es una anécdota folklórica: es una postal brutal de la podredumbre interna. Mientras unos se venden como salvadores bajo el micrófono, otros ya están afilando colmillos para las listas plurinominales. Ahí es donde se sabrá quién decía la verdad y quién sólo ensayaba discursos. ElPRI sinaloense hoy no se está preguntando cómo volver a ser opción. Se está peleando por quién se queda con los restos. Y en ese contexto, Paola Gárate representa la ansiedad del naufragio: moverse mucho, hablar fuerte, golpear la mesa… porque quedarse quieto implica aceptar que el barco hace agua.
GOTITAS DE AGUA:
Todos los dardos que hoy vuelan alrededor de la exalcaldesa de Salvador Alvarado no están construyendo una aspiración; la están desgastando. En el mejor de los escenarios, el destino es una plurinominal. Y aun eso exige algo que hoy escasea: claridad de rumbo y alianzas reales. Porque ya no basta con moverse. Hay que saber hacia dónde… y con quién. Si no, la puerta se cierra sola. Y cuando eso pasa, lo último que queda es apagar la luz. “Nos vemos mañana”…
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