Por. – Benjamín Bojórquez Olea.
Gobernar Sinaloa sin romanticismos
Gobernar no es un acto de simpatía. Es, antes que nada, un ejercicio de lucidez. Quien dirige un estado como Sinaloa no puede permitirse el lujo de la ingenuidad ni de la emoción desbordada. Tiene que mirar la realidad de frente, con la distancia suficiente para entenderla y con el carácter necesario para intervenirla. Como un médico ante un diagnóstico grave: observa, evalúa y actúa, aunque el tratamiento sea incómodo.
Aquí, en Sinaloa, la empatía por sí sola no alcanza para construir paz. Escuchar es importante, comprender también, pero cuando la realidad aprieta, la empatía sin decisiones firmes se vuelve estéril. En un estado tan exigente, la paz no es un punto de partida ni un discurso aspiracional: es una consecuencia. Hay un camino hacia la paz, sí, pero la paz no es el camino en sí mismo; el camino es el orden, la autoridad legítima y la capacidad de hacer cumplir las reglas.
Sinaloa es un estado rudo, complejo, demandante. Aquí no basta el discurso amable ni la sonrisa fotogénica. Aquí se necesita mano firme, decisiones claras y un pulso que no tiemble cuando hay que decir “no”. Porque la ausencia de autoridad no genera armonía; genera vacío.
En ese escenario, Enrique Inzunza Cázarez aparece como un perfil distinto. No por estridencia, sino por solidez. No por promesas al aire, sino por conocimiento y carácter. Su formación jurídica no es un adorno académico, es una herramienta de gobierno: le permite entender cómo se conecta la ley con la realidad y cómo usarla para ordenar, no para improvisar.
Pero reducirlo a su capacidad técnica sería un error. Detrás del conocimiento hay coraje. Coraje para enfrentar resistencias, para incomodar intereses y para asumir el costo político de las decisiones difíciles. Gobernar Sinaloa exige eso: energía, firmeza y la voluntad de sostener el timón incluso cuando el oleaje arrecia.
Hoy no es tiempo de experimentos. Tampoco de liderazgos débiles que confundan diálogo con claudicación. El diálogo es indispensable, sí, pero solo funciona cuando quien dialoga tiene autoridad. El respeto a las minorías, la pluralidad política y la convivencia democrática requieren un árbitro fuerte, no uno ausente.
El senador Inzunza Cázarez ha sabido convivir con la diversidad política y social sin desdibujar sus convicciones. Ha transitado entre la marea intensa del senado sin renunciar a la línea que marca su forma de entender el poder y la responsabilidad pública. Puede ser objeto de críticas, como cualquier figura pública, pero resulta difícil negarle claridad de rumbo y determinación. En medio del ruido, la polarización y la confusión política, esa mezcla de apertura y firmeza suma, no estorba.
GOTITAS DE AGUA:
Sinaloa no puede darse el lujo de equivocarse ni detenerse. Cada decisión que se postergue y cada titubeo al momento de decidir se paga caro en un estado donde la realidad no concede segundas oportunidades. El momento exige claridad, carácter y responsabilidad política. Porque cuando llegue el balance de lo hecho y de lo omitido, no alcanzarán las excusas ni los discursos bien intencionados. Y hoy, guste o no, ese perfil existe y se llama Enrique Inzunza Cázarez. “Si cierran la puerta, apaguen la luz” . “Nos vemos mañana” …
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