Los Juegos Olímpicos de Rio de Janeiro 2016 han acaparado todas las miradas a lo largo del planeta y cada espectador ha puesto su atención en las competencias por distintas razones. Se pone en juego el patriotismo, la belleza de alguno/as atletas, la entretención misma del deporte, la rivalidad entre competidores, etc. Siempre es interesante ver el talento y la dedicación de los participantes en su máximo esplendor. Sin embargo, los eventos que escapan de la normalidad son los que suelen causar mayor impacto; la devastadora fractura del gimnasta francés, la sorpresiva victoria del tenista argentino Juan Martín del Potro por sobre el número 1 del ranking ATP, Novak Djokovic, o bien, el emocionante llanto de Ryan Held luego de contribuir en la obtención de medallas de oro para Estados Unidos en la competencia de natación.
Y claro, como lo que hemos visto anteriormente ha sido a Michael Phelps ganar medallas de oro una y otra vez en todas las pruebas existentes, no estamos acostumbrados al llanto. Sería extraño que Phelps derramara lágrimas por cada medalla que ha ganado. Sin duda sería el atleta más llorón de la historia. Pero el caso de Ryan Held es distinto.
A sus 21 años y una trayectoria no tan extensa como la del resto de sus compañeros de equipo, pararse frente a millones de personas, llevarse la mano al lado izquierdo del pecho y comenzar a escuchar el himno nacional de Estados Unidos sabiendo que la melodía sonaba porque él recién había escrito su nombre en la historia del país, no le fue indiferente.
Era un momento único y él lo vivía de una manera especial. Lo que todos vimos fueron apenas unos minutos de los nadadores más rápidos del mundo. Pero Held, en su victoria, escondía algo que sólo él podía ver. Escondía años de esfuerzo, frustración, lucha, perseverancia, cansancio. Escondía el “no creo que lo logres” de muchas personas, las horas revolcándose en la cama sin poder dormir porque el nerviosismo era demasiado grande, escondía el sacrificio de sus padres, los viajes lejos de la familia, escondía el sueño de toda una nación, pero por sobre todo, escondía algo que simplemente no fue capaz de seguir ocultando: la felicidad. Held lloraba de felicidad.
Él mismo lo verbalizó de la siguiente manera.
“No creí que lloraría, estaba muy cansado para llorar, no creí que sería capaz… Había escuchado el himno nacional cientos de veces, pero en esta ocasión fue distinto”.
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Post y Contenido Original de : UPSOCL
El conmovedor llanto de Ryan Held tras ganar la medalla de oro es la emoción más pura de estos JJOO
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