
Las tendencias gastronómicas de este año reflejan un cambio en la forma en que las personas se relacionan con la comida. Más allá del sabor, ahora se priorizan la salud, la sostenibilidad y las experiencias que conectan con lo local y lo auténtico.
Una de las principales tendencias es el auge de la cocina basada en plantas, con platillos que sustituyen ingredientes de origen animal sin sacrificar sabor ni textura. Verduras, legumbres y proteínas vegetales ganan protagonismo en restaurantes y hogares.
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También destaca el interés por los ingredientes locales y de temporada, impulsando una gastronomía más consciente y sustentable. Esta práctica no solo reduce el impacto ambiental, sino que mejora la calidad y frescura de los alimentos.
La comida funcional es otra tendencia en crecimiento, incorporando ingredientes con beneficios para la salud, como probióticos, superalimentos y fermentados. Estos platillos buscan nutrir el cuerpo y apoyar el bienestar digestivo e inmunológico.
En paralelo, la revalorización de la cocina tradicional ha tomado fuerza, con recetas clásicas reinterpretadas de forma moderna. Este enfoque mezcla técnicas ancestrales con presentaciones actuales, conectando pasado y presente culinario.
Así, la gastronomía sigue evolucionando como una expresión cultural y social.
