La inteligencia artificial continúa ganando presencia entre estudiantes y profesores, especialmente cuando enfrentan situaciones relacionadas con su bienestar emocional y buscan respuestas mediante herramientas digitales.
Los estudiantes usan IA como psicólogo con una frecuencia significativa, mientras que los docentes recurren todavía más a esta tecnología para solicitar orientación sobre ansiedad, estrés, depresión o tristeza.
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Los datos forman parte de la Encuesta nacional sobre usos y percepciones de la inteligencia artificial generativa (Eniag 2025), elaborada por la Secretaría de Educación Pública (SEP).
El estudio reunió a 1 millón 539 mil 732 estudiantes y 163 mil 259 docentes de 2 mil 900 instituciones públicas y privadas de educación superior.
¿Cómo utilizan la inteligencia artificial?
La encuesta muestra diferencias entre profesores y estudiantes en distintos usos relacionados con el apoyo emocional:
- 63.4% de los docentes y 55.1% de los estudiantes pidieron consejos sobre ansiedad, estrés, depresión o tristeza.
- 55.9% de los profesores y 41.9% de los alumnos recurrieron a la IA para desahogarse o sentir que alguien los escuchaba.
- 47.2% de docentes y 41.9% de estudiantes buscaron motivación o palabras de ánimo.
- 36.1% de profesores y 29.8% de alumnos utilizaron la IA para simular una conversación de apoyo.
- 32.3% de docentes y 24.8% de estudiantes la usaron para evaluar si necesitaban ayuda psicológica.
Además, 88% de los estudiantes que utilizaron IA con fines emocionales consideró que la herramienta les ayudó. Entre ellos, 61% son mujeres, 35% hombres y 4% corresponde a otros géneros.
Sin embargo, especialistas advierten que la utilidad percibida no equivale a una mejoría clínica. La IA puede ofrecer información o contenidos de psicoeducación, pero no sustituye un proceso psicoterapéutico ni el acompañamiento profesional.
Por ello, los estudiantes usan IA como psicólogo refleja una necesidad que las instituciones educativas deben atender con servicios de salud mental y mecanismos permanentes de acompañamiento.
En conclusión, el crecimiento de esta práctica plantea el reto de fortalecer la atención institucional para que la tecnología funcione como complemento y no reemplace el apoyo humano.
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