23 DE JUNIO DE 2026 00:53 HRS
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La nueva derecha latinoamericana: la administración autoritaria de la crisis

por:   Marevna Gámez

La crisis económica prolongada, la precarización del trabajo, el endeudamiento estructural de los Estados, el debilitamiento de los sistemas de protección social y el descrédito de las instituciones democráticas han configurado un escenario en el que las promesas liberales de movilidad social y bienestar han perdido buena parte de su credibilidad.

22 de junio de 2026 8 min de lectura
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La nueva derecha latinoamericana surge como respuesta a la crisis económica y social, transformando el malestar en poder político. Su ascenso no solo refleja un cambio ideológico, sino la incapacidad del sistema actual para garantizar estabilidad y bienestar. Descubre cómo estas fuerzas autoritarias se han adaptado a las nuevas condiciones tecnológicas y económicas para gobernar sobre las ruinas de promesas incumplidas. ¡Lee la nota completa para entender esta compleja realidad latinoamericana! 🌎🔥🔍 #DerechaAutoritaria #CrisisEnLatAm #NuevoOrdenPolítico


Por Por Marevna Gámez Gro.*


Cada cierto tiempo, América Latina produce la ilusión de estar ante una ruptura histórica. Ocurrió con las independencias, con los populismos nacionales del siglo XX, con el ciclo progresista de inicios del siglo XXI y ahora ocurre con el ascenso de una nueva constelación de derechas autoritarias que ha logrado transformar el malestar social en una poderosa fuerza política. Ahora bien, interpretar este fenómeno como un simple giro ideológico hacia la derecha resulta insuficiente. Lo que está en juego no es únicamente una disputa de ideas, sino una transformación más profunda vinculada a las contradicciones actuales del capitalismo global y a la posición subordinada que América Latina ocupa en él.

La crisis económica prolongada, la precarización del trabajo, el endeudamiento estructural de los Estados, el debilitamiento de los sistemas de protección social y el descrédito de las instituciones democráticas han configurado un escenario en el que las promesas liberales de movilidad social y bienestar han perdido buena parte de su credibilidad. En este contexto, los nuevos liderazgos autoritarios aparecen menos como una anomalía política que como una respuesta funcional a una crisis de legitimidad cada vez más profunda.

Desde una perspectiva materialista, las sociedades no se transforman principalmente por la fuerza de las ideas, sino por las contradicciones inscritas en sus formas de producción y reproducción. La emergencia de estas nuevas derechas expresa precisamente la incapacidad del orden vigente para garantizar las condiciones mínimas de estabilidad que este prometió durante décadas. Cuando la democracia liberal deja de producir consensos, el sistema busca nuevas formas de administración política.

La expansión de estas fuerzas políticas no puede comprenderse al margen de la crisis del orden internacional surgida tras el fin de la Guerra Fría. Durante décadas, la promesa de la globalización sostuvo la expectativa de que la apertura económica, la liberalización de los mercados y la consolidación de las instituciones democráticas conducirían a sociedades más prósperas y estables. Lo que emergió fue, en gran parte del continente, una combinación de crecimiento desigual, concentración de la riqueza, deterioro de los servicios públicos y creciente vulnerabilidad social. El resultado ha sido una profunda fractura entre las expectativas generadas por el discurso democrático y la experiencia material de amplios sectores de la población.

Bolívar Echeverría ya nos había advertido: la modernidad capitalista no constituye una experiencia universal homogénea, sino un proceso atravesado por distintas maneras de habitar y de reproducir sus contradicciones. América Latina ha vivido esa modernidad desde una condición periférica, marcada por la dependencia económica, el extractivismo, la subordinación geopolítica y una transferencia permanente de riqueza hacia los centros de acumulación global. La nueva derecha no rompe con esa trayectoria histórica; por el contrario, la profundiza y la normaliza bajo el lenguaje de la eficiencia, el orden y la libertad económica.

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Y es que incluso allí donde estos proyectos no logran consolidarse plenamente en el gobierno, continúan operando como horizontes políticos disponibles. El caso peruano resulta particularmente revelador. Más allá de los resultados electorales coyunturales, la persistencia del fujimorismo demuestra la capacidad de ciertos imaginarios autoritarios para sobrevivir a sus propias crisis históricas. Es evidente que la figura de Keiko Fujimori en el panorama político latinoamericano expresa, justo, esa continuidad: la promesa recurrente de que la disciplina, la concentración del poder y el liderazgo fuerte constituyen respuestas legítimas frente a la incertidumbre social. No se trata solamente de una herencia política familiar, sino de una subjetividad producida por décadas de neoliberalismo, violencia interna y debilitamiento institucional.

Lo que aparece como rebeldía antisistema suele ser, en realidad, una radicalización de los principios más agresivos del propio capitalismo. El discurso contra las élites políticas tradicionales a menudo convive con políticas que fortalecen la concentración económica, debilitan los mecanismos de redistribución y reducen los espacios de participación democrática. Las diferencias nacionales son evidentes, pero comparten una lógica común: sustituir la ciudadanía por la obediencia y la deliberación política por la administración tecnocrática o policial de los conflictos sociales.

En este punto, me resulta especialmente sugerente traer a colación a Kojin Karatani. Para el filósofo japonés, las sociedades modernas operan mediante la articulación de tres formas fundamentales de intercambio: el mercado, el Estado y la comunidad. Cuando los vínculos comunitarios se erosionan y el mercado deja de generar cohesión social, el Estado tiende a ampliar sus mecanismos de control para garantizar la estabilidad del sistema. La autoridad emerge entonces no como una excepción, sino como una necesidad funcional de un orden incapaz de reproducirse mediante el consenso.

Está claro que algo de eso ocurre hoy en América Latina. La expansión de los discursos de seguridad, la militarización de la vida pública, la vigilancia digital y la concentración de facultades extraordinarias no constituyen meras desviaciones autoritarias. Son mecanismos destinados a gestionar las tensiones producidas por sociedades cada vez más desiguales, fragmentadas y precarizadas.

A diferencia de los autoritarismos clásicos del siglo XX, las nuevas derechas no dependen exclusivamente del control de los aparatos estatales ni de los medios tradicionales. Su capacidad de reproducción también se basa en una infraestructura tecnológica que reorganiza la producción del consenso. Las plataformas digitales no sólo distribuyen información: también producen afectos, moldean percepciones, amplifican temores y segmentan la experiencia política. Los algoritmos privilegian la indignación sobre la deliberación, la reacción inmediata sobre la reflexión y la identidad sobre la argumentación. En este sentido, la economía digital se ha convertido en una de las principales condiciones materiales de la nueva gobernabilidad autoritaria.

Por ello, el éxito de estas derechas no puede explicarse únicamente por la manipulación mediática ni por las campañas de desinformación, aunque ambas desempeñen un papel relevante. Su fuerza proviene de una realidad mucho más profunda: la experiencia cotidiana de millones de personas que perciben el agotamiento de las instituciones existentes y buscan respuestas inmediatas a problemas reales. La inseguridad, la pérdida de expectativas de movilidad social, la incertidumbre económica y la erosión de los vínculos colectivos crean el terreno fértil en el que prosperan las promesas de orden.

La paradoja es que estos liderazgos se presentan como fuerzas de cambio mientras reproducen las mismas estructuras que generaron la crisis que dicen combatir. No ofrecen una alternativa al orden económico dominante; ofrecen una administración más disciplinaria de sus consecuencias. Allí radica una de las características fundamentales del momento político actual: la sustitución de los horizontes de transformación por la gestión autoritaria del malestar.

Quizá por ello el fenómeno deba comprenderse menos como una restauración conservadora que como una nueva fase del capitalismo periférico. Una fase en la que la promesa democrática pierde centralidad y es reemplazada por una combinación de un mercado radicalizado, un liderazgo carismático, una gestión algorítmica de la opinión pública y la expansión de los aparatos de control. Lo que se presenta como renovación política es, en muchos sentidos, una adaptación de viejas formas de dominación a las exigencias contemporáneas de la acumulación capitalista.

La historia latinoamericana muestra que las estructuras de poder rara vez desaparecen. Se transforman. Cambian de lenguaje, de símbolos y de administradores. Lo que hoy observamos no es el regreso de un pasado autoritario que creíamos superado, sino la reconfiguración de mecanismos históricos de dominación en nuevas condiciones económicas, tecnológicas y culturales.

Incapaz de ofrecer horizontes de transformación, la nueva derecha gobierna sobre los escombros de las promesas incumplidas de la modernidad latinoamericana. No construye un futuro; administra ruinas. Quizá la verdadera novedad de nuestro tiempo no sea el ascenso de estos liderazgos, sino que amplios sectores sociales han comenzado a percibir el autoritarismo no como una amenaza para la democracia, sino como la única forma posible de gobernar sociedades atravesadas por la violencia, la incertidumbre y la precariedad. Allí reside la profundidad del problema: no en los líderes que encarnan este fenómeno, sino en las condiciones históricas que lo han vuelto imaginable, aceptable e incluso deseable.

* La autora cuenta con Doctorado en Filosofía en la UNAM. Es autora de “La construcción de la ciudad y el héroe moderno en el Libro de los Pasajes de Walter Benjamin”, publicado por la Cátedra José Revueltas de Filosofía y Literatura de la UG. Curadora y Gestora de Arte Independiente. Docente de Filosofía.

**Las opiniones expresadas en este artículo son responsabilidad de su autor y no tienen que ver con la opinión de México Ahora.

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Marevna Gámez Doctora en Filosofía, Curadora de Arte y Docente
Marevna Gámez es Doctora en Filosofía por la UNAM, especialista en el pensamiento de Walter Benjamin, docente y curadora de arte independiente.
Marevna Gámez

Marevna Gámez

Estudió el Doctorado en Filosofía en la UNAM. Es autora de "La construcción de la ciudad y el héroe moderno en el Libro de los Pasajes de Walter Benjamin", publicado por la Cátedra José Revueltas de Filosofía y Literatura de la UG. Curadora y Gestora de Arte Independiente. Docente de Filosofía.

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