Las llamadas “cuentas mulas” se han convertido en una de las principales modalidades de fraude financiero en México y América Latina, registrando un crecimiento significativo durante 2025 y encendiendo alertas entre autoridades y especialistas.
Este esquema consiste en el uso de cuentas bancarias de terceros para recibir y transferir dinero de origen ilícito, generalmente sin que el titular sea el verdadero beneficiario de los recursos. En muchos casos, las personas acceden a participar a cambio de una comisión o son engañadas sin conocer el alcance del delito.
De acuerdo con reportes recientes, este tipo de fraude representó alrededor del 11% de los casos detectados en 2025, consolidándose como una práctica frecuente dentro de esquemas de lavado de dinero y estafas digitales.
Cómo operan las “cuentas mulas”
El funcionamiento de este fraude es relativamente simple, pero altamente efectivo. Las organizaciones criminales reclutan personas —muchas veces en situación vulnerable— para prestar sus cuentas bancarias, o bien utilizan identidades robadas para abrir nuevas cuentas.
Una vez que obtienen acceso, el dinero proveniente de actividades ilícitas —como fraudes electrónicos, robo de identidad o estafas— es depositado en estas cuentas y posteriormente transferido rápidamente a otras, fragmentando los montos para dificultar su rastreo por parte de las autoridades.
Este proceso permite ocultar el origen del dinero y darle apariencia de legalidad, lo que complica las investigaciones y favorece el lavado de activos.
Riesgos y consecuencias legales
Participar en este tipo de esquemas, incluso sin plena conciencia, puede tener graves consecuencias legales, ya que las personas involucradas pueden ser consideradas cómplices de delitos financieros.
Organismos internacionales advierten que las “mulas bancarias” son una pieza clave en el blanqueo de capitales, ya que ayudan a introducir dinero ilícito en el sistema financiero formal.
Además, el crecimiento de este fenómeno está relacionado con el aumento de fraudes digitales y el uso de tecnologías que permiten mover dinero de forma rápida y global, lo que ha obligado a instituciones financieras a reforzar sus sistemas de detección.
Ante este panorama, especialistas recomiendan no compartir datos bancarios, evitar ofertas sospechosas de “dinero fácil” y verificar cualquier solicitud relacionada con movimientos financieros, ya que el desconocimiento no exime de responsabilidad.







