Una alimentación saludable basada en frutas, verduras, granos enteros y un menor consumo de productos de origen animal puede reducir hasta 20% la mortalidad, de acuerdo con un estudio realizado por la comisión de expertos de Eat-Lancet en 171 países. Los resultados fueron presentados durante el Congreso Internacional de Obesidad que se celebra en la Ciudad de México por el investigador del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), Juan Rivera Dommarco.
El especialista explicó que la investigación analizó durante varios años los hábitos alimenticios de distintas poblaciones y encontró que las personas con mayor apego a este patrón de alimentación registraron una reducción significativa en el riesgo de muerte prematura. Además, estimó que si este modelo se adoptara de manera global podrían evitarse hasta 15 millones de muertes prematuras, equivalentes al 27% de las que actualmente ocurren en el mundo.
Los expertos también advirtieron sobre el impacto del consumo excesivo de alimentos ultraprocesados, botanas y comida rápida, productos que han desplazado en muchos países las dietas tradicionales. En el caso de México, Rivera Dommarco señaló que la alimentación basada en maíz, frijol y tortilla fue durante décadas un ejemplo de dieta saludable, pero el incremento en el consumo de productos industrializados ha contribuido al aumento de enfermedades relacionadas con la obesidad y otros padecimientos crónicos.
Especialistas llaman a fortalecer políticas de prevención
Durante el Congreso Internacional de Obesidad, investigadores coincidieron en que mejorar la alimentación debe formar parte de una estrategia integral de salud pública. Además de promover dietas equilibradas, consideraron necesario fortalecer políticas que reduzcan el consumo de alimentos y bebidas no saludables, así como fomentar hábitos de vida más activos entre la población.
Los especialistas subrayaron que una alimentación equilibrada no solo ayuda a prevenir la obesidad, sino que también disminuye el riesgo de enfermedades cardiovasculares, diabetes y otros padecimientos crónicos, por lo que insistieron en la importancia de recuperar hábitos alimenticios saludables como una medida clave para mejorar la calidad de vida y reducir la mortalidad en la población.
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