Por. – Benjamín Bojórquez Olea.
STASAC frente a una mujer y frente a sí mismo
En política —y el sindicalismo es política en estado puro— nada ocurre por accidente. Las relaciones se construyen, se tensan, se cobran y se pagan. Influyen en decisiones, alteran equilibrios y definen coyunturas. Quien aspire a un cargo de peso en la función pública o en la representación gremial debe entender que el poder no se hereda: se organiza, se disputa y, sobre todo, se legitima.
En ese contexto aparece la figura de la Dra. Zayda Flores, hoy perfilada como la carta más sólida rumbo a la dirigencia del Sindicato de Trabajadores al Servicio del Ayuntamiento de Culiacán (STASAC). Y conviene decirlo con claridad: Zayda no es el problema del sindicato; es el síntoma más visible de un reacomodo interno que llevaba años gestándose.
La lucha por el control del STASAC ha escalado a niveles de tensión previsibles cuando una estructura se enfrenta a la posibilidad real de cambio. En este caso, hay respeto y amistad por parte de las dos planillas registradas. Algo poco común. Los apoyos que hoy acompañan a la Dra. Zayda no surgieron de la nada: provienen de liderazgos con peso real al interior del Ayuntamiento y, sobre todo, de una base trabajadora que parece haber tomado una decisión anticipada. En contraste, el otro aspirante queda relegado a un papel meramente simbólico, más cercano a la resistencia que a una competencia auténtica.
Pero reducir este proceso a una simple contienda de fuerzas sería un error. La fortaleza de Zayda Flores no radica únicamente en los respaldos que acumula, sino en lo que representa: una ruptura con la inercia. Durante medio siglo, el STASAC ha sido territorio exclusivo de liderazgos masculinos, muchos de ellos más preocupados por administrar el control que por modernizar la representación sindical. La llegada de una mujer no es solo un cambio de rostro; es un desafío directo a una cultura interna anquilosada.
La Dra. Zayda encarna, para bien o para mal, una narrativa distinta: la de una mujer itinerante, formada en la lucha, con trayectoria limpia, que ha sabido construir sin estridencias y sin caer en la provocación. Su discurso —según se comenta en los pasillos— apunta a algo que el sindicato ha postergado demasiado tiempo: reforzar y reformar lo establecido, reglamentar procesos, crear protocolos claros y devolverle al STASAC un sentido institucional que hoy parece diluido. Démosle el beneficio de la duda.
Sin embargo, aquí viene la parte incómoda que el gremio no debe evadir. El respaldo masivo no garantiza, por sí mismo, una dirigencia transformadora. El verdadero reto de Zayda Flores no será ganar la elección —esa parece definida— sino evitar convertirse en una administradora más del “statu quo” con rostro distinto. La legitimidad no se consolida en las urnas sindicales, sino en la capacidad de cumplir, ordenar y transparentar.
GOTITAS DE AGUA:
El STASAC tiene ante sí una oportunidad histórica: pasar del sindicalismo de cuotas y silencios al sindicalismo de reglas y derechos. Si Zayda Flores logra traducir su fuerza política en reformas reales, su liderazgo marcará un antes y un después. Si no, su victoria quedará como una anécdota más en la larga lista de expectativas traicionadas.
Es tiempo de mujeres, sí. Pero sobre todo, es tiempo de sindicatos que se atrevan a cambiar en serio. El reloj ya está corriendo, y esta vez, el gremio observa con atención.
Si cierran la puerta, apaguen la luz.
Nos vemos mañana
The post Sobre el camino appeared first on Primero Editores.

