Mario Vargas Llosa revela que fue abusado a los 12 años por un religioso

Mario Vargas Llosa revela que fue abusado a los 12 años por un religioso

 · septiembre 8, 2021 4:38 pm
  • El escritor peruano explicó que ese fue el momento en el que comenzó a alejarse de la Iglesia

Según relata, el sujeto lo llevó al quinto piso de la institución, donde los religiosos tenían sus habitaciones, y allí le mostró unas revistas con desnudos de mujeres. Acto seguido, el religioso lo habría tocado a la altura de la bragueta.

“El colegio estaba vacío y este hermano me llevó al quinto piso, donde no podíamos entrar los estudiantes del colegio porque era donde tenían los hermanos sus cuartos. Me acuerdo que este hermano, que estaba muy nervioso, muy colorado, sacó de pronto de su cuarto unas revistas mexicanas que se llamaban “Vea”, que eran de desnudos, de bailarinas. Así me dejó completamente desconcertado”, señaló Vargas Llosa.

El reconocido escritor también relató cuál fue su reacción en el momento y cómo el religioso intentó maneja la situación. “Yo me eché a llorar y a gritar. Entonces el hermano me abrió la puerta, me dejó salir. Me dijo ‘cálmate'”.

Vargas Llosa señaló que este terrible hecho produjo que él, un niño “muy católico” que cumplía con las tradiciones, fuera perdiendo poco a poco su interés en la religión​.

“No pude ir a recoger la libreta de notas, ese fin de año de 1948, por alguna razón. Fui al día siguiente. El colegio estaba sin alumnos. Me entregaron mi libreta en la dirección y ya partía cuando apareció el Hermano Leoncio, muy risueño. Me preguntó por mis notas y mis planes para las vacaciones. Pese a su fama de viejito cascarrabias, al Hermano Leoncio, que solía darnos un coscacho cuando nos portábamos mal, todos lo queríamos, por su figura pintoresca, su cara colorada, su rulo saltarín y su español afrancesado. Me comía a preguntas, sin darme un intervalo para despedirme, y de pronto me dijo que quería mostrarme algo y que viniera con él. Me llevó hasta el último piso del colegio, donde los Hermanos tenían sus habitaciones, un lugar al que los alumnos nunca subíamos. Abrió una puerta y era su dormitorio: una pequeña cámara con una cama, un ropero, una mesita de trabajo, y en las paredes estampas religiosas y fotos. Lo notaba muy excitado, hablando de prisa, sobre el pecado, el demonio o algo así, a la vez que escarbaba en su ropero. Comencé a sentirme incómodo. Por fin sacó un alto de revistas y me las alcanzó. La primera que abrí se llamaba Vea y estaba llena de mujeres desnudas. Sentí gran sorpresa, mezclada con vergüenza. No me atrevía a alzar la cabeza, ni a responder, pues, hablando siempre de manera atropellada, el Hermano Leoncio se me había acercado, me preguntaba si conocía esas revistas, si yo y mis amigos las comprábamos y las hojeábamos a solas. Y, de pronto, sentí su mano en mi bragueta. Trataba de abrírmela a la vez que, con torpeza, por encima del pantalón me frotaba el pene. Recuerdo su cara congestionada, su voz trémula, un hilito de baba en su boca. A él yo no le tenía miedo, como a mi papá. Empecé a gritar “¡Suélteme! ¡Suélteme!” con todas mis fuerzas y el Hermano, en un instante, pasó de colorado a lívido. Me abrió la puerta y murmuró algo como “pero por qué te asustas”. Salí corriendo hasta la calle”